Tarot

El tarot

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Tengo frente a mi uno de mis mazos de Marsella, replica del primer mazo que compré, el loco hasta arriba, avanza con su bastón y su pequeña bolsa conteniendo su vida, como la imagen clásica del vagabundo, ese ser que llega de pronto de quien sabe donde, para cambiar todo el panorama a su alrededor, pues de pronto en la normalidad de la vida aparece algo distinto, algo fuera  de las reglas de lo cotidiano, un animal le persigue, le anima? le molesta? bien pueden ser ambos, como sea su bastón esta firmemente clavado y avanza con esa seguridad, hacia donde, quizás ni el mismo lo sabe, así llegó el tarot a mi vida, interrumpió en lo cotidiano y con paso seguro conectó conmigo para contarme secretos sobre mi, ese loco era yo avanzando sin dirección; solo con un montón de cosas en mi mochila, cosas útiles, cosas inútiles. Y de pronto mi mente estaba ahí guardada, esperando a ser dispersa en la mesa del mago, para poder ser registrada en el libro de la papisa, ahora el dialogo con mi interior es un juego, algo que disfruto y a veces, cuando no llevo la mejor parte también lo padezco, pero solo para aparecer una vez mas al final del túnel, de nuevo saliendo a la luz, muchos momentos ha pasado el loco que tengo frente a mi en esta carta rectangular, hasta llegar a su mesa, donde dispone de sus elementos para efectuar su labor “mágica” en mi caso, la música.

 

De pronto la decisión reside solo en mi, ya no es el loco que camina por ahí, ese que sabiamente me trajo hasta aquí, para hacer aquellas cosas que amo, he dejado por un momento de lado el peregrinar para concentrarme en la tarea, de expresarme en un lugar donde me siento tranquilo de hacerlo, donde mi arte encuentra su valor frente a la multitud, donde vivo el reto de sobrevivirlo, donde la búsqueda creativa comienza a vislumbrar formas tan esperadas, de pronto el diálogo con los arcanos en mi interior se vuelve mas palpable, me observo desde el centro de mi mente humana, esa hecha para fallar y aprender, el día transcurre y yo sigo escribiendo al infinito, sin saber muy bien por que, pues igual que hace mas de 15 años es algo de lo mas visceral que tengo. Me gusta recapacitar el tiempo mientras trato de definirlo como el camino que trajo a este loco, hacia esta ciudad, pero ya hay muchas vueltas tras de mi, no podría seguir la ruta completa del camino con la vista, mas allá de la última colina que acabo de cruzar, así que me concentro en saber que vengo llegando y tengo un montón de elementos que combinar para dar paso a las formas que habitan mi mente desde la infancia; el loco al frente de mi tarot, mira, pensando si le alcanzará si no es solo una mas de las loqueras fallidas de su pasado, si es una de esas pocas pero certeras veces en que tuvo razón de su presentimiento, sabe que el resultado puede ser la gloria o el desastre.

 

Pero el loco no es mas que uno de los muchos personajes que habitan este reino de 78+1 habitantes, así mi loco me acompaña con sus 77 compañeros dentro de su bolsa, para desplegarme la información de lo último que acontece al interior de mi reino, en el que ahora avoco todas mis necesidades de control dejando a ordenes mas grandes y viejos el ordenamiento de mi alrededor, soy de pronto el artífice de mi existencia y nada mas, tarea nada fácil, pero confiada al trabajo y la práctica de mi oficio como músico y la inagotable fuente de la búsqueda creativa, me nutro de días lluviosos, donas, cigarros de marihuana, cervezas con amigos, días sin trabajo, días de ocio, días de infierno; nutro mi expresión de lo que la vida me pone al paso y trato de mantenerme en el equilibrio del trabajo constante, algo no muy fácil para mi mente inquieta por naturaleza, el tarot después de todos estos meses me ha mostrado las 78 formas y números de mi interior, para alumbrarme en mi camino por el exterior, tengo ahora la lampara del ermitaño que alumbra su camino, solo lo necesario, el tarot, espejo del interior que como el espejo de Galadriel en la obra de Tolkien nos muestra, cosas que fueron, cosas que son y cosas que tal vez serán, cosas con o sin sentido, de ayuda o a veces en apariencia inútiles, de cualquier forma el diálogo nunca es nulo, pues el interior siempre tiene algo que contarnos sobre lo que observa a su alrededor, sobre sus anhelos o temores, ocultos o aceptados, es entonces cuando la decisión se vuelve consensual y auto consciente.

 

El mundo exterior puede seguir girando en su eterna rueda, pero la conciencia puede mirar desde abajo, desde arriba o desde afuera según el caso, de cualquier forma el punto es estar, ser en medio de todas las fantasías y engaños del mundo, sin perder la calma, el disfrute y el aprendizaje de cada momento, me enfrento a situaciones sin sentido a menudo y las veo como oportunidades y chispazos de cosas nuevas y con el paso del tiempo veo como ese loco que avanza por el tiempo entre nosotros en forma de un grupo de cartas, soy yo en el sentido mas humano de la palabra pues cada quien avanza con sus propias locuras y genialidades al hombro que son parte de lo que mas define a esta humanidad tan genial y sin sentido, al menos en apariencia para nosotros desde nuestra ventana individual.

El loco, el tarot, mi locura humana, individual y universal.

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Le Bateleur (I)

Le bateleur

“Transgredir los rituales de la mente, sumergirme en los laberintos
del sueño,
invocar en esos cruces sombríos el advenimiento de un relámpago
infinito,
ascender hacia la diosa que se oculta tras un velo de soles,
surgir del vacío esgrimiendo el aura esplendorosa de mi primer
gesto.
¿Si perdido en la selva de los valores falsos no me encuentro a mí
mismo, qué puedo ser?
¿Si atrapado en el puerto interior no tomo la ruta del infinito, hacia
dónde voy?
¿Si prisionero del ilusivo tiempo no me disuelvo en un eterno,
dónde estoy?
Forma que clama por ser alma, espada templada en la sangre de un
arcángel,
retiro cada rostro de sus máscaras, separo el fango de la hoguera,
doy un destino a sus pájaros de fuego, subo de la almendra al cielo,
desintegro los límites de la ambición, navego hacia la inaccesible
meta
para obtener el conocimiento de mí mismo
que no es otro que el desconocimiento del mundo.
Impalpable flecha que siempre fue centro del blanco,
punto de unión de todas las naturalezas dobles,
capullo triste que se abre en rosa de oro,
dos alas blancas donde se ignora el vuelo
soy el que vive pero no el que es.
Parto a parto, muerte a muerte, ojo único del enjambre de dioses,
disuelvo y coagulo mi cardumen de fantasmas:
«Nómbranos, identifícanos, sepáranos, concédenos el diploma de
ilusión concreta.
Tú eres el mago, en tu saco fecundo mora la unidad que sin cesar
nos multiplica
para inducirnos a formar un calabozo que es la exacta copia de tu
rostro».

Aquí, en el final de todos los senderos, donde hasta las piedras
mienten,
de pie sobre el olvido, ojo que incendia cuanto ve,
exhibo aquello que no soy, objetos del engaño, puñales de madera,
dados, cubiletes, víboras que muerden inyectando miel,
miserables herramientas para fabricar el milagro, desconsolado
intento
de violar las puertas del cielo mediante el uso de una indigna imi-
tación.
Como navíos fantasmas habitados por un silencio de sombras,
cimitarras negras perforando la luna de arrogantes culturas,
hundiendo pirámides, encegueciendo esfinges, decapitando reyes,
así mis palabras, fragmentos del fruto invisible, transmiten la dolo-
rosa ausencia
del plano indiferente que la esperanza declara superior.
¡Rostro invisible que se busca en los espejos,
grávida corona que enaltece a la ignorancia,
eco melancólico de un idioma extraviado,
fondo de un abismo que sólo es superficie,
última piedra del templo que nadie exalta,
roca que aspira a la perfección del aire,
aire que aspira al silencio del pez,
quiero que en la piel blindada de la tierra
penetren las raíces que imagina mi pasión!
¡Quiero enlazarme a este mundo fugaz girando alrededor de un
corazón de acero!
¡Quiero recibir el significado que otorga a los hombres sin memo-
ria el amo de las cavernas del sueño!
¡Quiero ser el jubiloso tambor que convierte en ritmo los impensa-
bles golpes de la vida!
Para llegar ahí donde los objetos nada más son apariencia,
para dar sentido a ese rencor que me desvía del gran círculo,
para que el sol eclipsado en mis tinieblas brille en una nueva for-
ma,
para que yo y el Creador estemos igualmente envueltos en el acto
de llegar a ser,
proceso que nos trasciende a ambos porque aporta a la realidad
presente
la luminosa conciencia que se esconde en el futuro.
¿Pero dónde, en qué rincón de mi carne alumbran las diez luces de
la divina emanación?
¿Cuándo no habrá más diferencia entre el sonido de mi nombre y
la Corona Suprema?
¿Cuándo mi conciencia reducida a un punto detendrá el flujo ince-
sante del averno?
¿Cuándo mi alma perderá el miedo a perder para entonces poder
darse?
¿Seré yo un día el pan y el vino que alimente a quienes tienen ham-
bre y sed de justicia?
¿Seré yo quien lance el grito que ha de encender un mar de soles?
¿Seré yo la mariposa que libará el néctar de la flor con pétalos de
fuego?
¿Seré yo la boca en llamas por donde en lugar de palabras surgen
fieras?
¿Seré yo el agua pura que mana de la herida de los corazones san-
tos?
¿Demoleré mi imagen para renacer al cabo de tres días convertido
en luz?
¿Podré ver en las tinieblas de la mente a ese implacable Dios que
en mí se ve?
¿Haré del peso, la forma, la textura, el aroma, el sabor y el sonido
una sola armonía?
Éste es el cuerpo eterno y sin límites que te ha sido prometido.
Si tú no eres, no hay otro. Si el otro es tú, ya no es él.
Si tú eres el otro, estás solo. Si no estás con el otro, te destruyes.
Si el otro no está contigo, a su vez se destruye.
Si ambos están juntos, cada uno es Yo.

Soy tres veces verdadero:
la semilla del comienzo es mi deseo,
por mi deseo el árbol de la vida crece
y el fruto final se esfuma porque así lo deseo.”

Alejandro Jodorowsky